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A la gente que empieza a coleccionar monedas es complicado hacerles entender que el precio de una moneda varía enormemente dependiendo de en qué mano esté, sobre todo cuando se habla de monedas caras. Voy a ver si lo explico en esta entrada.

Casi todos los días recibo algún correo diciéndome que tienen algunas monedas provenientes de una herencia familiar. En la práctica totalidad de los casos esas monedas resultan ser falsas o no tener ningún valor numismático, pero ha habido algunas excepciones. Uno de ellos era un chico madrileño (llamémosle Enrique) que había heredado varias piezas de la monarquía española de bastante valor. Como siempre es un placer verlas quedé con él y le dije que a mi juicio eran buenas, aunque en algunas de ellas dudaba bastante. Entre las que me parecían buenas estaban una de 10 céntimos de Carlos VII, una de 20 reales y otra de 80 reales de Isabel II, un doble excelente de los Reyes Católicos, dos 8 reales columnarios, dos piezas de ocho escudos de Carlos III y Carlos IV… ya digo que había cositas interesantes.

Ahora viene  la pregunta complicada: ¿Cuánto vale esto? No es fácil de responder puesto que el precio de esas monedas varía enormemente dependiendo de en qué mano esté. En manos de Enrique vale muy poco, primero porque no conoce coleccionistas que pudiesen estar interesados en ellas, por lo que sólo le quedaría la posibilidad de vendérselo a un intermediario, que le pagaría entre un 20 y un 50% menos de lo que sacaría él. Todo esto suponiendo que el intermediario sea una persona honrada y no le venga con la clásica de “son piezas falsas” para comprárselas a precio de plata y de oro aún siendo buenas.

En mis manos (me pongo yo como ejemplo aunque valdría cualquier aficionado) algunas de esas monedas valen más porque conozco  coleccionistas interesados en todas ellas que estarían interesados en comprarlas. No me sería nada difícil vender las baratas a un precio razonable, e incluso podría hacerme responsable de que son buenas porque ya han pasado varias de esos tipos por mis manos y las conozco bien. Ahora bien, yo no soy capaz de dar mi palabra de que un doble excelente de los Reyes Católicos es bueno, no tengo la experiencia suficiente. Así pues, para las piezas más caras me veré obligado a darlas baratas a algunos coleccionistas que sí se vean capaces de reconocer si son buenas o no, o si no me veré obligado a recurrir a un intermediario. No obstante, yo ya sé qué intermediarios son de fiar y cuáles no.

Otro caso sería que esas piezas estuvieran en manos de un profesional que pueda garantizar su autenticidad, que conozca qué coleccionistas estarían interesados en cada una de las piezas e incluso quién estaría dispuesto a pagarle más dinero. En esas manos es donde las monedas realmente valen su precio.

Con este ejemplo supongo que quede claro por qué el precio varía mucho dependiendo de quién posea las monedas. El valor añadido que el vendedor proporciona es fundamentalmente el tener contactos y el proporcionar una confianza a sus compradores que se traduce en una garantía de que las monedas son buenas. Quien compra unas piezas (aunque sean caras) no tiene por qué ser un experto en numismática, y la mayoría de las veces es la confianza que se tiene en el vendedor lo que hace que se compre con confianza.  Yo no entiendo de moneda romana, pero si tuviese que comprar alguna conozco vendedores a los que les compraría piezas a ciegas.

Esta idea está muy relacionada con algunas de las cosas que se ha dicho en el blog. Por ejemplo, por esto mismo no recomiendo que nadie compre monedas caras cuando está empezando, porque perdería mucho dinero a la hora de desprenderse de ellas (él o sus herederos). También se relaciona con que no recomiendo que nadie empiece comprando monedas en eBay, donde la confianza es más bien escasa.

Finalmente, publico aquí un consejo que suelo dar a los dos o tres que resulta que han tenido piezas buenas y caras: “subcontratad esa confianza”. La forma de subcontratarla es poniéndose en contacto con alguien que sea capaz de venderlas a buen precio y se lleve un tanto por ciento de la venta. Yo hice de ese rol para unos familiares hace unos años y el que se vea en esa situación y conozca a un aficionado posiblemente sea su mejor opción. En caso de no conocer a nadie la forma de llegar a los coleccionistas finales proporcionándoles garantías es acudir a subastas numismáticas, las cuales tienen unas cargas bastante grandes, pero a priori vendiendo así las monedas se sacará más que dándoselas a un intermediario.

Las imágenes de la entrada están sacadas de la subasta de Aureo del 26 de enero de 2011. Se tratan de medio real, un real, dos reales, cuatro reales y ocho reales acuñados en Potosí bajo el reinado de Carlos II. Se remataron en 70, (desierta), 190, 110 y 180 euros respectivamente.

Cada vez que hablo con un vendedor me cuenta sistemáticamente el precio que él ha pagado por las monedas que me intereso. ¿No os pasa también a vosotros? Siempre resultan ser márgenes muy pequeños, de en torno a un 20% o incluso menos, y sus argumentos son más o menos creíbles y muchas veces se basan en los precios de remate de las monedas en subasta. Vamos a poner un ejemplo:

Imaginémonos que va Enrique a vender a un comerciante la moneda que está justo arriba. Se tratan de 8 reales columnarios de Carlos III con ceca de México y en calidad MBC. Un vendedor serio le diría: “Mira, una moneda como ésta (en este caso el mismo ejemplar) se ha rematado en Aureo en la subasta del 15 de diciembre en 162 euros. La casa de subastas le carga en torno a un 20% al vendedor, así que si yo la vendiese y tuviese el mismo remate sacaría por ella 135 euros. Te pago 110 euros por ella“. Hasta aquí todo muy razonable.

Luego llega Pepito y quiere comprar esa moneda al vendedor. El vendedor lo primero que le dice es: “Mira, esta moneda la he comprado por casi 200 euros. Fíjate que en Aureo se remató una igual por 165 euros, más el 20% que cargan al comprador el precio está en torno a 198 euros. Te pido por ella 240 euros y yo sólo gano un 20%”. También muy razonable.

Pero claro, ahora resulta que el vendedor ha comprado una moneda por 110 euros y la ha vendido por 220 (realmente dice 240 para que le regateen un poco y soltarla en 220 euros). En global ha doblado el precio de la moneda y el truco está en jugar siempre con el margen de las subastas a su favor. Un 100% de beneficio en este tipo de monedas es un margen bastante más razonable para el vendedor.

Como conclusión de este asunto es que aunque es muy normal que en mercadillos y convenciones  los profesionales os cuenten a cuánto les han salido las piezas y lo poco que ganan con la venta, en general no es verdad. ¿Por qué os iba a decir un profesional el margen de beneficio que tiene en una venta? ¿Acaso os lo cuenta el frutero? No, simplemente es una forma de marcar asíntotas en un regateo: si os dicen que les ha costado 200 euros a lo mucho les regatearán hasta los 210 y el comprador se creerá que se lleva un regalo. Otra estrategia muy parecida es decir: “la semana pasada vino uno que la quería por 200 euros y no se la vendí”.

Para que quede claro, con esto no estoy diciendo que me parece ilícito que un vendedor profesional saque por unas monedas casi el doble de lo que ha pagado por ellas; de hecho me parece muy razonable que un vendedor profesional actuase como indico en los párrafos anteriores. Al fin y al cabo ellos tienen que pagar un local, luz, agua, seguros, seguridad social, hacienda… y proporcionan una garantía a las piezas. Otra cosa son los aficionados que de vez en cuando vendemos alguna pieza y sólo tenemos que dar cuentas a hacienda; nuestros gastos y el valor añadido que proporcionamos a la moneda es mucho menor, así que también menor debería ser nuestro margen.

La Navidad es una época entrañable en la que la tradición católica ha abierto la puerta al consumismo más salvaje. Hay que regalar cosas a los amigos, familiares y allegados para demostrar lo mucho que les queremos. No importa qué les regalemos, la cuestión es habernos gastado dinero pensando en ellos, que es de los actos más bonitos que se pueden hacer hoy en día. Resulta que de entre todos los que en estas fechas hacen regalos de Navidad hay algunos que regalan monedas, que me parece a mí que puede ser un regalo socorrido (se lo puedes regalar a casi todo el mundo) y bastante original (muy poca gente las regala).

Las monedas pueden ser un regalo muy didáctico para niños. Ya he comentado lo interesante que veo la numismática para los benjamines de la familia; si se les regala un pequeño álbum de monedas y un puñado de unas 300 piezas variadas de todo el mundo, el lote puede andar por los 20 o 30 euros. Después tendremos un enorme “trabajo” de clasificación de las monedas por países, de enterarnos dónde están esos países, qué animales o plantas aparecen en ellas… mucho tiempo que se puede compartir con los niños con un juguete educativo low-cost. Si al muchacho le motiva más adelante se le puede regalar otro puñado de monedas ¿por qué no?

Un regalo más pensado para adultos sería regalar Bullion, como el año pasado recomendaba Krugerrand. No obstante, a mí no me resulta un regalo muy apropiado. Por un lado porque no me llaman nada las monedas actuales de metales nobles y por otro porque creo que los precios de los metales nobles están muy altos ahora y no saldría nada barato el regalo.

En ese aspecto creo que sería más adecuado regalar una moneda antigua de plata, mejor aún si es de módulo grande, porque suelen ser más vistosas para quienes no son coleccionistas natos. Si la persona a la que se regala la pieza es aficionado a la historia o le gusta un periodo determinado por alguna razón se le puede regalar una pieza de ese periodo. Por ejemplo, si resulta que le gusta el Western, aunque no le llame nada la numismática, un Mongan Dollar como el que se muestra abajo sería un regalo barato y que seguramente le hiciese gracia.

Por último, y por raro que parezca, no recomendaría regalar una moneda a un coleccionista. Esto se debe a que una colección es algo muy particular y nadie sabe mejor que el propio coleccionista qué le falta o qué le interesaría tener. Si esa falta es una moneda barata y fácil de conseguir entonces lo normal es que el coleccionista ya se haya hecho con ella; por eso, regalar una pieza que le falte a un aficionado no suele ser ni fácil ni barato. En mi opinión, si se quiere hacer un buen regalo a cualquier coleccionista lo mejor es incrementar su biblioteca: seguramente hay algún manual que no sea muy caro y que todavía no tenga. A cualquiera que le guste la numismática le encantará como regalo un manual sobre monedas, aunque sea de periodos que él no coleccione o por los que todavía no se haya interesado. En este blog ya han aparecido unos cuantos pero hay muchos más que son del interés de cualquier aficionado.

En mi opinión Almodóvar es  uno de los pocos grandes cineastas que ha dado España, y lo es gracias a que supo aprovechar la enorme libertad creadora que había en este país durante los 80. La movida madrileña no pasará a la historia como un movimiento de gran interés técnico o cultural, pero sí como la gran oportunidad de que en España saliera a la luz la cultura underground políticamente incorrecta. Algunas de las canciones que sonaban en aquella época no tendrían el apoyo de ninguna discográfica actual, y muchísimo menos películas como las primeras de Almodóvar. Ni siquiera Almodóvar hoy en día se atrevería a producir tales películas. Si no me creéis echad un vistazo a la siguiente escena de Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón.

Una menor de edad se encapricha de una cuarentona maltratada (Lucy) y decide seguir el consejo de Pepi (que está haciendo encaje) de mear en la cara a la cuarentona, que resulta ser de Murcia. Ésta se excita sexualmente con la lluvia que le cae y todas salen satisfechas. Según avanza la película hacen una magnífica auto-referencia para explicar esa escena. También se va descubriendo que Lucy no es tan dócil como parece y que ella misma disfruta de los malos tratos propinados por su marido y por Boom. ¿Os imagináis que salga a la luz una película así hoy en día? Posiblemente fuese censurada por las autoridades, si no directamente sí indirectamente, cortando de raíz todas las subvenciones a la productora.

En la película de La Ley del Deseo las escenas son más sutiles, pero el argumento bastante duro también. Tenemos a triángulo amoroso entre homosexuales y tenemos que uno de ellos mata por deseo y por celos, que no por amor. Eso ya sería intolerable en el día de hoy, pero a ello le podemos añadir que se presenta un personaje femenino que se cambió voluntariamente de sexo cuando era un niño sin más objetivo que para poder tener relaciones incestuosas con su padre. Os dejo una escena.

En esta película se ve cómo el deseo trastoca totalmente la naturaleza de los personajes, deformándolos hasta el punto de que pierden su propia esencia y llegan a los más horrendos actos: lujuria, incesto, asesinato… En el caso de la numismática, también se han visto algunos casos en los que se han perturbado las personas por el impuso irrefrenable del deseo, si bien no hasta el punto al que llegan los personajes de Almodóvar, claro está. Pero es que no controlar el deseo es la forma más sencilla de convertir el coleccionismo en una obsesión, perder dinero y a medio plazo abandonar asqueado la afición.

Tal y como nos muestra Almodóvar, cuando se desea algo se hace cualquier cosa por obtenerlo a corto plazo, y eso desvirtúa la colección, que debería reflejar el fruto de un trabajo llevado con paciencia durante muchos años. A mi entender una colección no se debería hacer a base de poner grandes cantidades de dinero para hacerse con las piezas, ¡eso no tiene mérito! Yo creo que es más divertido entenderla como un conjunto de monedas que poco a poco van mejorándose y que, a muy largo plazo, lucirán una gran calidad.

Pero es muy común que al empezar una colección se quiera abarcar un periodo determinado (pongamos por caso El Centenario de la Peseta)  y lo normal es empezar por las baratas con la intención de tener una de cada una de las piezas que vienen en el catálogo en calidad BC+ o mejor. Al cabo de un año o dos lo normal es tener casi todos los huecos cubiertos, pero las piezas que faltan son las más raras (2 pesetas de 1891, 1 peseta de 1881, 1 peseta de 1884…).

Ahí es donde puede empezar el deseo: faltan cuatro piezas y hay que conseguirlas, hay que conseguirlas como sea. Yo nunca he llegado a ese punto, pero conozco gente que sí; mi recomendación es que paren, recapaciten y se lo tomen con mucha más calma. Eso sólo puede hacer que el deseoso comprador pierda dinero (se han dado casos de tener verdaderos problemas familiares por esa causa) y que cuando se dé cuenta coja manía a la numismática o la tenga que abandonar como única cura posible a su problema. Mi experiencia me dice que ese dinero perdido se puede dar por las siguientes condiciones:

Al desear una moneda se tiende a sobrestimar su calidad porque no se tiene la sangre fría como para observarla con detenimiento y encontrar sus fallos. Eso puede hacer que paguemos una moneda como EBC sin ser más que un MBC/MBC+. O más difícil todavía: será difícil contener la sangre fría para distinguir un EBC+ de un SC, y ya vimos que eso puede suponer mucho dinero.

Las prisas en encontrar una moneda pueden hacer que aparezcan intermediarios. Por ejemplo, un vendedor puede que no tenga una peseta de Benlliure, pero sí saber quién puede proporcionármela. Si tiene un cliente deseoso por conseguirla quizá se la pueda ofrecer, pero a un precio elevado porque tendrá que pagar la moneda y además llevarse su comisión.

Los vendedores utilizarán tu deseo para hinchar el precio. Es evidente que no es lo mismo llegar a un vendedor y preguntarle qué te ofrece, que le comprarás lo que sea siempre y cuando esté a buen precio, que llegar y decirle “estoy buscando la peseta de 1884”. Si resulta que la tiene ya sabe que el deseoso comprador está dispuesto a pagarla cara, así que la pagará cara.

El deseo no permite jugar con la volatilidad del mercado. Quizá resulta que lo que hoy se paga a 100 dentro de seis meses se paga a 80. También puede ocurrir que lo que un amigo nos ofrece hoy por 1000 dentro de dos años se quiera deshacer de ello (quizá porque lo tenga repetido o porque le haga falta el dinero) y nos lo ofrece a 600. Pero el que desea algo y lo quiere en ese instante lo normal es que lo pague caro.

Con todo, mi recomendación es la misma que la que hice aquí y aquí: no hay que tener una lista de monedas que faltan y que hay que conseguir, sino comprar moneda que ofrezcan a buen precio; este consejo me lo dio un amigo al poco de empezar en esto y seguirlo me ha hecho salvarme de muchos palos. A base de tiempo, se conseguirá tener una buena colección sin haber gastado dinero de más. Esto no quita que, evidentemente, nos podamos dar un capricho de vez en cuando (todos lo hacemos), pero cuando lo hagamos tenemos que ser conscientes de ello y de que estamos pagando por la moneda más de lo que vale.

Hace mucho que no se habla en este blog de la excelente bitácora de A.C. Dwyer, pero para el tema de hoy viene estupendamente, igual que otro de los mejores blogs numismáticos que conozco, el de Susan Headley. Concretamente, en esta entrada y en esta otra se hace una reflexión muy buena sobre el modelo de negocio seguido por diferentes vendedores y cómo esto puede influir en lo que ellos nos ofrecen y el precio al que nos lo ofrecen. En la presente comento mi punto de vista sobre el asunto, entendiendo a los profesionales como revendedores, es decir, que no analizo el valor añadido que dan a su producto (lo cual se discutirá en otra entrada).

Básicamente, el modelo de negocio de cualquier numismático profesional tiene como objetivo comprar monedas a un precio, venderlas a un precio mayor e intentar no arruinarse mientras tanto. Pero la manera de llevar a cabo esta compra/venta varía significativamente de unos profesionales a otros. Yo creo que se podrían hacer dos grandes grupos de comerciantes: el que retiene moneda y el que intenta no retenerla.

En España los numismáticos que retienen moneda suelen ser profesionales que se dedican a comprar y vender moneda muy barata (actuales, monedas del Rey y de Franco…), por lo que no dejan de ser numismáticas pequeñas. En España hay pocas numismáticas grandes que “tengan de todo” para cuando alguien se lo pida, pero en otros países sí que hay algunas. Su negocio está claro: compran moneda buena y rara a un precio barato y esperan el tiempo que haga falta hasta que aparezca un interesado, momento en el que se la venden a un precio significativamente mayor. Son empresas grandes con un capital de varios millones de euros, que tienen empleados y que gastan dinero en publicidad.

Otro tipo de numismáticos, mucho más comunes en nuestro país, no tienen ningún interés en retener moneda durante mucho tiempo. Ellos lo que buscan es comprar una pieza y deshacerse de ella en un periodo muy corto de tiempo obteniendo un margen que en principio es menor que las empresas del caso anterior. El volumen de la empresa es mucho menor y también el flujo de dinero, pero como se tratan de microempresas que muchas veces no tienen empleados y escatiman en gastos todo lo posible, pueden obtener beneficios interesantes también.

Yo recomendaría a cualquier aficionado a la numismática que se relacione con profesionales de forma habitual a que conozca su modelo de negocio. Hay que saber en qué está pensando el profesional cuando quiere hacer un trato contigo, así no estarás en desventaja a la hora de cerrar el acuerdo; y también aceptarás las limitaciones de unos y de otros y sabrás si estás dispuesto a aceptarlas o no.

Por ejemplo, imaginémonos que Enrique quiere comprar el precioso didragma que se muestra arriba (¡quién lo pillara!). Para ello  fácilmente puede encontrar la dirección de una gran empresa de monedas americana, puesto que sólo tendría que ojear alguna publicación de la American Numismatic Association (ANA) y ahí tiene información y publicidad más que de sobra. Puede ponerse en contacto con algunas de esas empresa que tienen decenas de millones de euros retenidos en monedas y seguramente le proporcionen la moneda que busca o una similar, teniéndola en su casa en una semana.

La segunda opción que puede barajar Enrique es  buscar a un numismático más pequeño pero que conozca el mercado y se mueva en él para que le busque la moneda. La primera dificultad será encontrar al numismático, puesto que éste busca la reducción de costes y no gasta mucho en publicidad, y la segunda en dejarle claro que se conoce la pieza y tenemos un precio estimado para la misma. Es altamente improbable que este numismático vaya a tener esa moneda, o alguna muy semejante, en stock; recordemos que su negocio consiste en comprar y vender rápido y no le interesa retener mucha moneda, por lo que quizá sólo tenga unas pocas decenas de miles de euros retenidas en monedas. Pero la promesa está en que la buscará e intentará encontrarla a un precio razonable, de manera que pueda ofrecerla barata ganando él un porcentaje. Claro, que quizá haya que esperar varios meses, o incluso algún año, para hacerse con la moneda.

Dwyer resume muy bien la controversia: paciencia y buen precio contra inmediatez y precios más altos. Que cada cual elija lo que quiera.

Un último apunte es que muchos aficionados también tienen una estrategia de inversión numismática definida que no está de más conocer cuando hacemos tratos con ellos. Esa estrategia se puede resumir también en los dos casos anteriores: gente que tiene de todo (o de todo de un periodo determinado) y caro, gente que tiene poca cosa pero que te lo puede dar barato. Yo claramente me comporto como el segundo tipo, más que nada porque no tengo mucho capital para tener retenido en monedas. Cuando me preguntan si tengo algo, pues generalmente les tengo que decir que no pero que consultaré a algunos amigos a ver si se lo pueden dejar barato. Para tener que ofrecerlo caro mejor no lo ofrezco. Cada cual tiene su estilo.

Las monedas que se muestran se subastaron el pasado día 12 de octubre en Gorny and Mosch. Se tratan de un didragma de Herakleia, un tetradragma de Azbaal, un dupondio de Nerón y un aureo de Vitelio.

Roberto hizo su primera aparición en el blog en la entrada de “Volatilidad del precio con respecto a la rareza” escribiendo esto:

Es mi primer comentario en el blog,y espero que sirva de algo para muchos coleccionistas.¿Precio,demanda,inversión? Yo colecciono moneda antigua,imperio romano(principalmente)y picoteo algo de Borbones y Centenario.

Al grano,como mucha gente con la entrada del euro se nos habrió una nueva forma de coleccionar estilo “fasciculos”,cada mes visitar el puesto de turno para adquirir las novedades,han pasado algunos años y ahora quiero poner en el mercado las monedas de 2 euros conmemorativos que guarde para, supuestamente, numismaticos que me aconsejaron “invertir”en euros

.El problema es que con la crisis nadie va a soltar lo que realmente valen las,alrededor de cien,monedas de 2 euros pero lo peor es que los mismos numismaticos que me aconsejaron y otros,no me las compran a más de un euro más su valor facial(la mejor oferta),las corrientes,y a 10 -15 euros Finlandia 2004,Eslovenia 2007-tratado de roma- etc..

Por no hablar de las de Vaticano y San Marino que no me dan ni la tercera parte de precio catalogo,su respuesta es que hay crisis,que tienen muchos cartuchos de todos los años,etc

Conclusión,te das cuenta ,que la moneda que era rara ya no lo es,que monedas que te venden a 35-40 euros y te dicen cogela que se acaban,resulta que no te dan ni la mitad, porque todos tienen cartuchos.

En fin,que te gastas un dinero en monedas para “invertir”,pierdes mas de la mitad de lo invertido,pero lo peor es que el mercado esta saturado de estas “monedas”.Que listos.

Para terminar,decir que fue el articulo escrito por Adolfo, -no se puede invertir en moneda conmemorativa-,el que me hizo despertar la curiosidad de comprobarlo.

Más vale tarde que nunca.

Antes de nada tengo que dar las gracias a Roberto por el comentario. Estas son las cosas que me hacen creer que este blog sirve para algo y que no estoy pregonando en el desierto. Además, su experiencia puede ayudar a más gente, lo que nunca está de más.

Sinceramente, me sorprende el camino seguido por Roberto, porque es raro que alguien que coleccione moneda romana y española acabe coleccionando euros (mucho más normal es al revés), pero eso es lo de menos. La cuestión es que yo detecto aquí un par de errores de fondo, y no es que sea yo el auditor de nadie, pero en mi opinión hay un par de cosas que Roberto hizo mal y de las que, por suerte, se ha percatado:

  • Confiar en el asesoramiento de gente que tiene interés en que el gaste dinero en euros. A este tema ya se ha dedicado una entrada, pero en resumidas cuentas viene a ser que el numismático que vende euros te va a intentar convencer de que los euros son la mejor inversión, más que nada porque será él quien te los venda.
  • Creer que se puede sacar un beneficio por el mero hecho de almacenar monedas. Otro tema que también ha sido tratado en el blog.

El mercado de la numismática es muy extraño: tiene unas cargas extremadamente altas, es razonable que un intermediario se lleve entre un 20% y un 30% (esto se tratará otro día, pero aquí tenéis un adelanto), fluctúa mucho… no es sencillo. Pero es esa dificultad la que permite que se pueda sacar un beneficio. El simple hecho de comprar monedas a un comerciante, esperar 30 años y volvérselas a vender a un comerciante no hará ganar dinero a nadie (ya se vieron casos drásticos). Si alguien hace eso por dinero, yo le recomiendo que deje la numismática y compre acciones de alguna empresa importante, lo normal es que le vaya mejor.

Para poder invertir en numismática hay que estar metido dentro del mercado; hay que saber qué comprar, a quién comprárselo y a qué precio. También hay que saber a quién vendérselo y a qué precio. Tan importante es una cosa como la otra, ninguna de ellas es sencilla y yo diría que no se puede saber una cosa sin la otra. Si con ir a una numismática y comprar lo que nos digan sacaríamos un buen interés ¿quién no invertiría en monedas?

Por eso creo que es un ejercicio súper importante el hecho de comprar unas piezas para después intentar venderlas. No tienen que ser unas piezas muy caras (pongamos 30 euros/pieza), ni tampoco tienen que ser muchas (pongamos cinco piezas). Simplemente hay que comprarlas cuando creamos que nos las ofrecen baratas e intentar revenderlas, en el momento o pasado un tiempo, a ver si somos capaces.  Si resulta que somos capaces de revenderlas a 35 euros, pues ya conocemos gente que nos las compra y a qué precio las compra: nos vamos haciendo un hueco en el mercado y vamos teniendo contactos.

Si resulta que todo lo que nos ofrecen por ellas son 25 euros, pues habremos perdido un poco de dinero, pero habremos aprendido una lección que evitará que lo sigamos perdiendo. Esto también es importante porque esas lecciones son realmente valiosas y si de verdad las interiorizamos harán que no caigamos otra vez en el mismo error. Mucha gente, y eso es lo que más pena me da, cuando se sienten engañados cogen asco a la numismática y no quieren volver a saber de ella. No se dan cuenta de que ahora ellos son mejores numismáticos que antes porque han aprendido una lección de la que pueden sacar partido.

Como corolario, yo recomendaría a cualquiera que  pretenda hacer una colección con idea de invertir que no compre monedas y las guarde, sino que las compre y las venda; una vez que controle el mercado que empiece a guardarse las monedas que considere. Evidentemente, el que coleccione por puro placer, pues que se haga la colección que más le guste, pero que no lo vea como una inversión.

Las monedas que ilustran la entrada están sacadas de Wikipedia y son piezas de 2 euros conmemorativas: Finlandia 2004, Vaticano 2004, San Marino 2006 y Eslovenia 2007.

La palabra ‘óxido’ es quizá la más temida por todos los coleccionistas numismáticos. Que te salga óxido en una moneda o descubrir que lo que acabas de comprar tiene óxido chafa la tarde a cualquiera, y en algunos casos echa a perder lo que se supone que había sido una buena inversión numismática. De hecho, es común que los numismáticos lo llamen “cáncer” porque sale, es casi imparable y acaba destrozando la moneda (es muy curioso cómo muchos términos médicos se utilizan como metáforas en la vida diaria). En el foro de identificación numismática se ha hablado mucho sobre el óxido y sobre cómo limpiarlo si sale. No obstante, hay veces que no es posible porque son necesarios procesos químicos que acabarían destrozando la moneda del todo.

Uno de los casos en los que no es posible limpiar las monedas es si éstas son de aluminio, al ser éste un material tan malo que al someterle a cualquier proceso químico se destrozaría. Y da la casualidad de que las monedas de aluminio de Franco son muy propensas a tener óxido. ¡Fíjese usted qué faena! Por eso, hay que tener muchísimo ojo cuando se compran monedas de 5 y 10 céntimos de Franco, así como con las carteras y tiras PROOF.

La moneda superior es una de 50 céntimos de 1966 estrella 74 en calidad PROOF y tiene muchísimo óxido, se ve a simple vista. Al menos se le ve la estrella, por lo que algo de valor tiene. Concretamente, ésta pieza la vendí yo mismo por la mitad del precio que la hubiese vendido en caso de no tener óxido.

Esta otra moneda también tiene óxido, aunque a simple vista no se vea. Para ello hay que mirar bien el canto, la tercera cara de la moneda que siempre debe ser examinada. Ahí se observa que la moneda tiene óxido, que antes o después se acabará comiendo la pieza.

Hay que tener mucho ojo con el óxido en estas piezas porque harán que las carteras que hayamos comprado valgan bastante menos. Si es para tener en nuestra colección, es preferible rascarse el bolsillo y comprar monedas sin óxido. De hecho, Susan Headly considera comprar monedas con óxido como una de las cinco peores inversiones numismáticas. También hay que tener en cuenta, todo hay que decirlo, que la inmensa mayoría de las carteras de Franco tienen óxido (excepto las del 75, no sé por qué), y encontrarse un juego de las cuatro carteras limpias de óxido es verdaderamente difícil, de hecho, encontrarse una cartera que no sea la del 75 con los aluminios limpios no es nada fácil. También es común que las casas de subastas indiquen si las carteras tienen óxido o no, aunque no siempre lo hacen.

Pero una vez que tenemos nuestras carteras inmaculadas hay que hacer algo para que no salga óxido en ellas. Lo mejor es guardarlas en un lugar sin mucha humedad y meter los aluminios en unos cartoncillos, tal y como se muestra en la imagen de abajo.

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Evidentemente, no es recomendable comprar ninguna moneda de estas en eBay o a distancia si no se ha podido analizar una buena foto de la pieza en cuestión.

Finalmente, hay que añadir que en este hilo del foro de identificación numismática un usuario preguntó qué hacer con unas monedas de aluminio con óxido que acabab de comprar. Podéis ver las respuestas que le han dado: mala solución.

Dicen en las noticias que los españolitos de a pie invierten su dinero sin tener ni la más remota idea y fiándose de la opinión de los bancos. Luego resulta que les venden un paquete de preferentes hechas un asco al precio al que estaban tres años atrás. Y claro, se quedan sin un duro. Bueno, pues esta misma idea también ocurre mucho con la numismática: hay gente que se dedica a comprar piezas sin tener mucha idea del valor de las mismas, asesorado sólo por su numismático, que gracias a las pérdidas de sus clientes saca un buen sueldo. Ya vimos un caso extremo.

Todo esto viene dado porque el que teóricamente asesora al inversor, bien sea el numismático o el empleado de banca, tiene más intereses que los del propio inversor que son los intereses del banco o de su propio negocio. Esto hace que los teóricos consejos acaben siendo unas milongas para quedarse ellos con las pelas.

Una de las falacias más repetidas es “Compra sólo moneda buena”. En general esto es cierto, suele ser mejor comprar moneda buena que chatarra, pero lo que pasa es que nadie te dice a qué precio se tiene que comprar esa moneda. Es decir, si voy a un numismático y me ve con intenciones de soltar un buen dinerillo por una moneda sin que yo tenga mucha idea, pues me ofrecerá una buena pieza por 2.000 euros cuando quizá cueste 1.500; si a los tres meses por lo que sea necesito dinero y la tengo que revender, podré hacerlo rápidamente (porque es una buena pieza), pero quizá no saque de ella más de 1.000 ó 1.200 euros. Las pérdidas son considerables. Si me gasto 500 euros en chatarra (y eso da para mucha chatarra), quizá si necesito dinero rápidamente no me den por ella más de 150 euros, pero habré perdido menos pelas. Es decir, que si aunque es preferible hacerse con moneda buena (eso te lo dirá cualquier profesional), no hay que pagarla a cualquier precio (eso no te lo dirá ninguno).

Otra cuestión es el qué coleccionar. Ya se ha comentado que hay diferentes tipos de colecciones y existen muchos factores que influyen en qué colecciona cada uno. En cualquier caso, cada cual que reflexione sobre su colección y sea él quién decida. Los profesionales siempre te van a empujar hacia las monedas que ellos controlan más (generalmente se acaban especializando): unos te dirán que lo mejor es coleccionar piezas de Franco, otros moneda de las monarquías europeas, otros moneda americana, otros euros, otros monedas romanas… todos te querrán ganar como cliente, pero no porque sea lo mejor para ti, sino porque es lo mejor para ellos. Lo que está claro es que ninguno te dirá que no te centres en ningún tipo de colección, que simplemente te dediques a comprar moneda que te guste y esté barata.

Hay un par de remedios para cubrirnos de este tipo de cosas. El primero es hacer un contrato explícito de asesoría numismática con un profesional, de forma que si él no vela por tus intereses le puedas denunciar (si eres capaz de demostrarlo). En cualquier caso, esto sólo lo podrá hacer gente que quiera invertir cantidades ingentes de dinero en numismática, para el resto de los mortales sólo nos queda una solución: hablar con muchos numismático, hablar con aficionados, leer revistas, blogs, libros… reflexionar nosotros mismos, sacar nuestras propias decisiones y actuar en consecuencia.

Para finalizar la entrada, os dejo una conversación que tuvieron Enrique (E) y un numismático profesional (NP) hace poco:

NP – ¡Mira qué pieza! se la ofrecí el otro día a un coleccionista amigo mío por 1.100 euros y me dijo que sacía que valía ese dinero pero que no me daba por ella más de 1.000 ¿Tú te crees?

E – Bueno, es normal, si vale 1.100 euros y el la paga a ese precio ¿qué gana él con la compra?

NP – Un momento, que aquí el comerciante soy yo, y el que tiene que ganar dinero es el comerciante y no el coleccionista.

E – Pues yo todas las monedas que te he comprado las he revendido más caras, y ten por seguro que si no pudiera venderlas más caras no te las huiera comprado.

NP (arrugando el entrecejo) – Es que tú eres muy listo…

Las fotos son de la próxima subasta de Aunktionshaus. Se tratan de un denario de Nerón, otro denario de Vespasiano y otro de Trajano. No es que entienda de moneda romana, pero los retratos que tuvieron estos emperadores en ases, denarios y sestercios son una maravilla.

Parece que ha gustado mi última entrada en la que comento un poco los tipos que nos podemos encontrar delante de los mostradores en los mercadillos de cualquier plaza. Hoy toca hacer lo propio con lo que nos podemos encontrar detrás de los mostradores, aunque la clasificación es más difícil. Pero bueno, vamos a intentarlo que para eso estamos. Voy de los que menos confianza me suscitan a los que más:

El chatarrero: esto son gente que tienen desplegada una manta con diez mil cosas que se han encontrado en contenedores y escombreras. Hay desde una muñeca sin cabeza hasta una caja llena de clavos usados. No hay nada que sirva para nada, pero sorprendentemente siempre hay gente alrededor preguntando por el precio de un ítem oxidado. Muchas veces entre tanta chatarra tienen una bolsa con monedas de cobre o aluminio. Nunca he perdido ni veinte segundos en mirarlas.

El chatarrero plus: es como el anterior pero más simpático. Si te ve pasar te pregunta que si andas buscando algo, y cuando le dices que monedas te enseña la bolsa roñosa que tiene. Le dices que no te interesa, que vas a por monedas mejores y entonces te dice que te acerques, que tiene unas piezas buenísimas que las compró en una convención y que como le hace falta el dinero te las deja por sólo 1.200 euros (verídico, a mí me ha pasado). Evidentemente lo mejor es salir corriendo.

El que engaña y limpia: estos son los elementos que más detesto porque su negocio se basa en engañar a los aficionados que no tienen mucha idea y que cuando descubren que se han dejado una pasta en monedas falsas o limpiadas, agarran asco a la numismática y dejan la afición. Suele ser gente que tiene monedas romanas clarísimamente falsas y monedas de El Centenario limpiadas que cuelan como si estuvieran en SC. Su estrategia es como la de tantos vendedores de eBay: es tan evidente que estas monedas son falsas que si no te das cuenta es que no tienes ni idea, por lo que te voy a sacar los cuartos.

El carero:  tiene moneda decente pero unos precios de escándalo. Ves piezas que tú vendes por 40 euros que las ha puesto en 110 con la esperanza de que, después de un regateo, la pueda vender en 80 euros. Miras sus piezas y cuando te dice que si te interesa algo le saltas “a estos precios evidentemente no”, lo que suele venir acompañado de un “pues no son nada caras, es que tú no entiendes y no sabes apreciarlas”, seguido de un intento de humillarte para hacer creer a los demás compradores que no les intenta engañar. Un día dedicaré una entrada a estos pendejos.

El no chorizo:  en esta categoría caen muchísimos. Es más que sabido que en los mercadillos hay que tener mucho cuidado porque muchos de los vendedores, de una forma u otra, intentan engañar. Bueno, pues al 80% de los comerciantes de un mercadillo les oirás decir “aquí casi todos son unos ladrones, yo soy el más honrado de la plaza”. Cada vez que oigo eso ya me ando con cuidado con ese tipo.

El entendido y envidiado:  este es un subgrupo del anterior. Es un tipo que espera a que le digas qué coleccionas para soltarte que él es el profesional más especializado en ese tema en toda España. Suena ridículo y poco humilde, pero así te lo salta. Da igual que digas que coleccionas euros, que moneda de Franco, que americanas… como si le dices que te dedicas a las botellas de gaseosa: él es que más entiende. Además, después de esa te suele soltar que a él le envidia toda la plaza (que por cierto, casi todos son unos chorizos) y no le envidian por lo guapo que es, sino por lo mucho que entiende de monedas y lo bien que le va el negocio.

Los fantasmas: ésta es la versión profesional de los falsamente entendidos. Intentan ser uno de los del último grupo sin serlo y te saltan unas fantasmadas que no se las creen ni ellos. Por ejemplo, yo pregunté por dos pesetas de 1947 en calidad SC a un tipo y me saltó que tenía 17 cartuchos de cada una de ellas (por si alguien no se hace a la idea, esos cartuchos costarían en torno a 100.000 euros).

El aficionado: no entraría dentro de la categoría de profesionales por motivos obvios, pero es un aficionado que se ha llevado sus monedas, una mesa e intenta cambiarlas o venderlas. Poner una mesa en un mercadillo es barato (y a veces se ponen sin permiso del ayuntamiento) y suelen ser gente que intenta sacarse cuatro duros sin mucho margen de beneficio. Lo malo es que rara vez tienen piezas decentes.

El de las monedas contemporáneas: son gente que van a por los que están a la última, y sólo a por ellos (es increíble que haya los suficientes aficionados de ese estilo como para alimentar a tantos profesionales así). Tienen euros de un montón de países, algunas conmemorativas y quizá moneda del Rey o billetes del mundo, pero no le preguntes por nada más. No saben ni lo que es un sestercio, ni al precio que está el oro ni quién era Carlos III. Se dedican a vender monedas como quien vende botones: el mayorista se los vende a un precio y ellos lo venden al precio de catálogo o un 10% más barato. Me sorprende cómo puede haber profesionales de la numismática que no tengan ni tan siquiera una cultura general del tema histórico.

Moneda buena y precios algo elevados: esto no es lo mismo que el de “el caro”. Simplemente es gente que tiene moneda de calidad, pero los precios están entre un 20 y un 30% más caros de lo normal (y no un 200%). Generalmente lo hacen porque dan por supuesto que van a intentar regatearles. Si son buena gente la valoración de la moneda es apropiada, es decir, que pondrán como EBC+ lo que realmente es EBC+, y no un MBC+, cosa típica del que intenta engañar al principiante. Lo mejor con ellos es coger una moneda y decirles “me interesa, ¿por cuánto me la dejas?”, y si se lo dices serio y ven que tus intenciones no son el regateo, entonces te darán un precio razonable.

El precio justo: son gente que tiene monedas decentes pero que no permiten ni regatear un euro, lo cual a mí me encanta. El precio que pone suele ser muy ajustado y hay veces que se encuentra con ellos monedas interesantes a precios más que razonables (vamos, que dejándote un margen de beneficio). Si pone 32 euros no intentes sacársela por 30 porque no te la venderá. A mí me parece una política excelente e intento seguirla yo mismo.

El verdadero profesional: estos no suelen abundar. Son gente que tienen buenas piezas y son profesionales que manejan mucha pasta, aunque también suele ser normal que tengan algunas piezas más baratas o moneda actual. Si están en el mercadillo no es para hacer dinero de forma directa, de hecho suelen vender muy poco, pero les compensa porque así les conoce gente. Es muy normal que cuando alguien empieza vaya a los mercadillos, y ya se dan a conocer a esos aficionados. Al cabo de unos años, unos pocos de esos aficionados son gente que se podrá dejar 1000 euros en una moneda, y eso es lo que más les interesa a ellos. Es decir, que para ellos el mercadillo no es más que una forma de hacer contactos.

Las imágenes se corresponden a piezas que se subastarán en la próxima subasta de Nudelman Numismatica el próximo 6 de junio. Son todas monedas Húngaras, a mí me gustan especialmente las medievales, con el rey que parece que está listo para saltar al combate. Se tratan de  tres Goldgulden, uno de 1446, otro de 1532 y otro de 1555 y dos taler, uno de 1779 y otro de 1853, respectivamente.

Hace tiempo que tenía ganas de escribir una entrada dedicada a la necesidad de tener una buena bibliografía, y de tanto esperar Carlos se me ha adelantado con una muy buena reflexión en su blog. En cualquier caso, haré yo la mía propia, aunque recomiendo encarecidamente leer con calma la entrada de Carlos.

Hay un dicho entre los numismáticos anglosajones que dice “buy the book before the coin” (compra el libro antes que la moneda). Este dicho, que casi se considera un axioma, aparece desde en libro “Coin collecting for dummies”, hasta foros más especializados y webs varias sobre numismática. Yo no lo consideré explícitamente como uno de los consejillos para principiantes porque creo que quedó bastante explícito que hay que conocer bien las monedas antes de comprarlas. En efecto, ese es el consejo que hay detrás del axioma.

Una de las diferencias fundamentales y evidentes entre un buen aficionado a la numismática y un principiante, es que el buen coleccionista conoce bien las monedas que compra: conoce sus fechas, sus cecas, los ensayadores, los detalles en los que hay que fijarse, el precio de mercado y cuánto debe pagar por ellas. Todo eso no se aprende en una tarde, y supone mucho tiempo de estudio de las piezas que se coleccionan. Los libros y manuales especializados pueden ser baratillos o pueden costar una pasta significativa, todo depende del tipo de colección que se haga. Así, el que simplemente coleccione euros no se tendrá que gastar mucho en catálogos, pero el que coleccione moneda medieval japonesa puede pasarse media vida consultando bibliografía. En general, cuanto más rara sea la colección que se haga, más difícil se hará encontrar bibliografía y más difícil será ordenar ésta. ¡¡Pero muchas veces es esa investigación la gracia de la colección!!

Encontrar datos sobre monedas raras puede suponer pasarse horas delante del ordenador, además de dominar un poquillo el inglés u otros idiomas. También suele ser complicado encontrar buenos compendios de monedas, puesto que como el público suele ser muy restringido la tirada suele ser pequeña y es raro que se re-editen. De hecho, las casas de subastas suelen subastar también catálogos que muchas veces alcanzan varios cientos de euros de precio. Esto supongo que a medio plazo mejore, una vez que se generalice el libro electrónico, el cual es muchísimo más barato de publicar puesto que no se necesita generar ni distribuir un soporte físico.

En cualquier caso, lo que debe quedar claro es que el tiempo y el dinero invertido en estudiar y comprar bibliografía no es tirado, puesto que ese conocimiento es necesario tanto para coleccionar como para invertir en numismática. Y creo que a un numismático nada le puede llenar más el orgullo que publicar su propio catálogo de monedas, fruto de décadas de investigación numismática por su cuenta.

Para ilustrar la entrada dejo unas cuentas monedas africanas, que todavía no había puesto ninguna. Se subastaron el día 27 de febrero de 2010 en Cayón. Se trata, por orden: 5 tallero 1891 (Eritrea), Piastre 1327 (Egipto), 1/8 birr. 1887 (Etiopía) y 500 dalasis 1977 (Gambia).

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