Esta tarde Alfonso Romero hizo la siguiente crítica a esta humilde bitácora:

…”visto desde fuera y tomado el blog en su conjunto, lo que se aprecia es un intento de descalificar al vendedor profesional de tipo privado (describiendo con cierta frecuencia las clases de jugarretas que pueden hacer al coleccionista) en beneficio de las casas de subastas, que según el blog nunca se la juegan a nadie (algo de todo punto falso pues quien esté libre de pecado que tire la primera piedra). En mi opinión si se quiere dar una imagen objetiva de este mercado hay que decir lo bueno y lo malo de todos los canales, no lo bueno de unos, lo malo de otros y a comparar pues esto sólo tiene un nombre: manipulación.
Que conste que, sinceramente, pienso que esto no lo haces adrede. Suele pasar que el que está “pariendo” un trabajo de tipo literario necesita que lo lea alguien imparcial para que vea la obra desde fuera, apreciando así errores que el que está dentro de la obra, sumergido hasta las trancas en sus complejidades, pasa por alto precisamente por carecer de esa perspectiva “desde afuera”. También quiero agregar que esta opinión no es solamente mía sino de bastante gente (tanto comerciantes como coleccionistas) con la que he hablado del tema, por lo que quizás pueda serte de utilizada conocerla”.

¡Tela marinera!

Ciertamente es algo que ya me habían insinuado en otras ocasiones pero la crítica se ha debido endurecer después de la última entrada. Alfonso sabe bien que no intento ser imparcial ni tampoco quiero manipular nada, prueba de ello es que en este blog no hay ningún tipo de publicidad para que mis opiniones no se vean condicionadas (evidentemente no se puede criticar a la empresa o el sector al que estás publicitando), porque ofertas ya he tenido.  Otra cosa que me extraña es que se hable de mí entre profesionales ¿tanto impacto tengo?

Los que me seguís desde hace tiempo ya sabéis que soy defensor de las subastas numismáticas y que son a las que considero el referente del mercado. Además, creo que son las grandes desconocidas por los aficionados principiantes: todo el mundo sabe que hay comerciantes que les proporcionarán monedas, pero muchos no saben que están las subastas especializadas. De hecho, unos cuantos me han escrito diciéndome que el mayor descubrimiento que han hecho gracias al blog es justamente ese: las subastas.

A pesar de ello, creo que es justo dedicar una entrada a reflexionar un poquillo sobre el papel que juegan los comerciantes profesionales en el mercado y las bondades de las compras privadas. Entiéndase por “comerciante profesional” no un tipo que le gusta la numismática y compra y vende de vez en cuando o con cierta frecuencia, ni tampoco aquél que se agarra una mesa plegable e improvisa un tenderete en la Plaza Mayor. Quiero decir una persona que se dedica excluvisamente al comercio numismático (o al menos de bienes materiales), que es su forma de vida: vive de ello y por ello paga unos impuestos.

El valor añadido que tienen estos comerciantes profesionales es, fundamentalmente, conocimiento de mercado. Conocen bien el mercado en el que se mueven, las monedas que compran y venden, a los diferentes profesionales y a coleccionistas… Por otra parte, lo que venden al coleccionista son, en mi opinión, tres valores:

 Confianza. Este, sin duda alguna, es fundamental. Cuando compras a un profesional debes estar seguro de que la moneda es auténtica y te puedes ir a casa tranquilo. Te llevas tu moneda junto con tu recibo y (posiblemente) un certificado firmado por el profesional autenticando la misma, la dejas en tu colección y no te quita el sueño pensar que pudieran haberte timado.

Asesoramiento. Quizá este es el que menos se valore, pero también lo veo importante. Acudir a un profesional y preguntarle si es preferible enfocar tu colección de tal o cual manera es un valor estupendo que hay que apreciar. En este sentido el profesional debe conocer a sus clientes y debe saber qué monedas recomendar a cada uno. Vender monedas no es como vender cebollas en la Plaza de Abastos, sino más bien como hacer un traje a medida del consumidor.

Conocimiento. Es otro de los puntos que no se valora y que nos pensamos que es gratis.  Muchas veces en una charla con un profesional se aprende más que habiendo leído tres libros. Sentarte tranquilo al lado de una persona que entiende mucho más que tú, poderle hacer preguntas sobre cómo valorar ciertas monedas, sobre si es buen momento para comprar cierto tipo de monedas o no, sobre el contexto histórico en el que se enmarca la pieza que le estás comprando… todo eso se debe valorar y pagar.

Ahora bien, si comparamos a este profesional con un pirata que te llama la atención desde una farola diciéndote que te deja no-sé-qué moneda muy barata… pues hombre, te puede salir bien o te puede salir mal, pero es evidente que con el pirata corres más riesgos, como bien dice Luis. Igualmente, si se compara al profesional con una casa de subastas veremos que en el primer punto la casa de subastas da tanta garantía o (en mi opinión) más que un profesional en una venta privada, pero el segundo y el tercer punto son valores inexistentes en una subasta.

En cuanto a sus márgenes de beneficio, ya se ha comentado por el blog y nos lo ha corroborado Luis: intentan que ronde el 100%, es decir, que buscan pagar por una pieza la mitad de lo que piden por ella al venderla (evidentemente esto es en monedas “normalitas”, no en rarezas ni en chatarra). Esto puede parecer mucho si se compara con  las cargas en las subastas numismáticas, donde rondan el 35%, pero no por ello comprar una moneda en una transacción privada va a ser más caro que comprarla en una casa de subastas. De hecho, a priori se pueden encontrar mejores precios entablando relación con los profesionales que acudiendo exclusivamente a casas de subastas. La razón ya la indicamos hace tiempo. Por otra parte, es evidente que si un profesional tiene que dedicar tiempo en comprar la moneda, tasarla, encontrar cliente, asesorarle y vendérsela, todo eso hay que pagarlo (recordemos que no es su afición, sino su profesión); también hay que tener en cuenta que el profesional paga sus impuestos, así como su Seguridad Social, un local con todos los gastos que acarrea… y le tiene que dar para sacarse un sueldo. No nos quejemos.

Por último, quisiera poner un par de ejemplos: una vez un comerciante amigo mío mandó a una casa de subastas una moneda valorada en 500 euros por la casa de subastas y con un precio de salida de 425 euros. Como no se vendió se la devolvieron, y al poco tiempo me la ofreció a mí por el precio de salida menos un 20%, que es lo que le iba a cobrar la casa de subastas. El segundo caso es que Enrique me dijo que el director de una conocida casa de subastas española compró una moneda por 5.000 euros en una transacción privada entre profesionales y luego la sacó a subasta por más de 20.000 euros de precio de salida (no diremos cifra exacta para no dar pistas), así que hay veces que las subastas también cuentan con márgenes más que envidiables.

Con todo, y para que os hagáis una idea, en torno al 80% de las monedas que hay en mi colección provienen de transacciones privadas. Algunas de esas monedas ilustran la entrada.

Finalmente quisiera hacer un apunte que va más allá de la temática de la entrada. Como habéis visto, Alfonso hizo una crítica muy dura al blog, pero es una constructiva, donde me da su opinión para poder mejorar el blog. Cualquier crítica en este sentido será muy bienvenida, da igual que provenga de una eminencia sobre la numismática o de alguien que acabe de empezar. No me voy a tomar ninguna opinión a mal al no ser que sean insultos o amenazas (que también ha habido, no os penséis). Así que espero vuestras sugerencias para poder mejorar el blog en la medida de lo posible.