La entrada de hoy no la voy a dedicar a la numismática, sino a otro coleccionismo con el que también he disfrutado un montón: las botellas en miniatura. Se tratan de pequeñas botellas de vidrio (ahora también las hacen de plástico, pero esas no las colecciono) que contienen un licor de marca comercial. Antiguamente se regalaban a los comerciantes para que las diesen de muestra a sus clientes; ahora es típico venderlas como souvenirs o como producto de degustación.

La cuestión es que yo las colecciono, aunque la verdad es que últimamente tengo esa colección bastante parada y me dedico más a la numismática. La razón última por la que he aparcado (al menos temporalmente) la colección es que para mí era demasiado sencillo hacerme con cientos de botellas, y por lo tanto perdí el interés por conseguirlas. Me explico: yo soy una persona que me muevo por retos; todas las decisiones importantes que he tomado en la vida las he intentado porque no estaba seguro de si iba a ser capaz de conseguirlas, así que como llegué a un punto en el que compraba lotes grandes, de entre 200 y 1200 botellas, y sacaba lo puesto vendiendo las que me salían repetidas. Así que hubiera podido tener una colección de 20.000 botellitas (por poner un número) si hubiera dedicado el tiempo necesario. Ya sabía que era capaz, así que por eso vendí las tres cuartas partes de la colección y dejé (temporalmente) de coleccionarlas.

Aún así, reconozco que coleccionar botellitas tiene alguna ventaja con respecto a la numismática. Principalmente la sorpresa de abrir una caja enorme llena de botellas en la que no sabes qué te vas a encontrar. Te sientes como un niño de 5 años delante de los regalos de los Reyes Magos. La segunda ventaja es que una habitación en la que haya 4.000 botellas, como era mi caso, sorprenderá a cualquiera que entre. La tercera es que es un reclamo estupendo: describe brevemente la colección a la chica que te acabas de ligar, llévala a tu casa con cualquier escusa y… ¡¡será ella quien te pida ir a tu cuarto!! Funciona. Creedme.

Pero coleccionar monedas tiene muchas más ventajas a mi parecer. La primera de ellas es que la escalabilidad espacial de la colección. En un álbum de monedas del tamaño de un libro se puede tener una colección para quitar el hipo que haya supuesto el esfuerzo de una vida entera, mientras que a un ritmo de mil botellitas anuales pronto será necesario un almacén dedicado sólo para ellas. Yo he visto un local de unos 80 metros cuadrados en el centro de Valencia dedicado exclusivamente para almacenar una colección de botellitas. Preciosas pero el dueño está perdiendo una pasta por dedicar el local a su colección en vez de alquilarlo para montar un negocio.

Otra ventaja es que las monedas son objetos históricos muchísimo más estudiados y documentados, por lo que se puede adquirir una cultura mucho mayor coleccionando monedas que botellitas. Además, una colección de monedas siempre será una inversión, mientras que una colección de botellitas no. Finalmente, para mí lo más importante, es que la numismática siempre te puede suponer un reto porque hay muchos tipos de colecciones y cada cual selecciona aquella que más le gusta o en la que puedas encontrar nuevos desafíos. Si al principio completar una colección de El Centenario ya me era una dificultad, ahora lo es hacerme con ciertas piezas de mayor calidad y quizá dentro de un tiempo lo sea hacerme con sestercios imperiales o quizá me pondré a estudiar dirhams almohades ¿quién sabe?. Es un mundo muy amplio y el tipo de retos que me puedo encontrar es muy variado.

Aún así, coleccionar botellitas me enseñó un montón de cosas que luego pude aplicar para cuando me puse a coleccionar monedas. Por ejemplo la idea de comprar y vender lotes, la necesidad de hacer contactos, el saber tratar a la gente y ver de qué pie cojea cada uno… si bien es cierto que el perfil de coleccionista de botellitas es un hombre de unos 20 años y con pocos recursos económicos, al que hay que tratar de forma diferente (pero con el mismo respeto) que al coleccionista de monedas, que suele ser un hombre más mayor.

En las fotos muestro algunas de las botellas de mi colección.