Una vez leí en Coin Talk un tipo que escribía lo que le dijo su ex-jefa: “Y si tienes monedas de oro ¿por qué no haces joyas con ellas?”.

Estoy seguro que a cualquiera de nosotros se nos revuelve el estómago sólo de pensar que alguna de nuestras preciadas piezas de colección puedan acabar convertidas en un vulgar anillo o semejante. Es casi como pensar que tu hijo puede caer preso de las drogas (esto lo digo porque no soy padre). Pero en cualquier caso hay gente que piensa así, y aunque cada vez quedan menos, todavía hay señoras mayores que guardan las pesetas de sus antepasados “para hacerse unos pendientes”. Es simpático, pero en los años 40 ó 50 era típico llevar a la joyería un par de monedas de plata para que te hiciesen una pequeña joya y el joyero se cobraba de la plata restante.

Todavía hay gente que hace cosas semejantes, y ya me han preguntado algunos si podía venderles monedas desgastadas para hacer un anillo a su señora. A mí la verdad es que estéticamente no me gusta, pero no considero un crimen destrozar una pieza que valga 4 euros para hacerse un anillo, si es que te gusta. Donde sí que arrugo un poco el entrecejo es al ver pendientes como los de arriba, hecho con sendos tetróbolos acuñados en la ciudad de Querronesos en los siglos IV-V a.c.. Estas “joyas” las vende Jesús Vico por ni más ni menos que 460 euros.

Por mi parte que cada cual haga lo que quiera, pero a mí se me revolvería el estómago si me encuentro con una señora que lleve esos pendientes. Aparte de parecerme una horterada, lo considero la práctica destrucción de un objeto histórico. Jesús Vico, además de estos pendientes vende colgantes, llaveros, gemelos y demás parafernalia de semejante naturaleza. Cada cual dirige su negocio a los clientes que quiera y les vende lo que puede.

Hace unos veinte o treinta años también debía ser muy típico engarzar una moneda grande de plata y hacerse con ella un llavero. Típicamente eran duros de plata, monedas de 100 pesetas de Franco e incluso alguna vez duros extranjeros. Yo no he visto a nadie llevar un anillo de esos, pero los he visto en mercadillos (tanto los llaveros vacíos como con moneda) y en alguna web. Un ejemplo de estos últimos es el que está justo arriba, que lo vende la numismática Borrás.

En relación con esto, una vez en un mercadillo le asaltó a Enrique un chatarrero plus ofreciéndole un duro de 1871 fatalmente conservado y engarzado en un llavero como si fuera una joya (de hecho, dijo varias veces que aquello era una joya). Haciendo un gran esfuerzo de honradez, el chatarrero le ofreció el llavero por 40 euros, un precio de amigos, vaya… a Enrique lo que más le costaba era contenerse la risa.

De nuevo hay que tenerlo claro: tener una moneda en un anillo, llavero o similar reduce su valor numismático a cero en la inmensa mayoría de los casos. Así que sólo lo recomendaría hacer con piezas más que comunes y mal conservadas. Por otra parte si se tiene uno de estos procedentes de nuestros antepasados, pues se puede guardar, pero teniendo claro que no tiene especial valor económico.

Antes de finalizar tengo que decir que me da muchísima pena cuando veo monedas en subastas que sean raras y que están anilladas, perforadas, engarzadas, soldadas… siempre pienso en si la persona que lo hizo sería consciente de lo que estaba haciendo. En algunos casos extremos se llega a que una pieza sea única y esté agujereada; de éstas se vio alguna en la subasta Caballero de las Yndias. Más normales, pero igualmente destrozadas, son las dos últimas monedas que ilustran la entrada, ambas pertenecientes a la subasta del 26 de mayo de Aureo.