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Las variantes y los errores numismáticos son un auténtico pozo sin fondo para muchos coleccionistas. No para mí: yo no los colecciono, y tampoco es que sea un experto en el tema, aunque tengo que reconocer que es un mundo apasionante por la cantidad de piezas únicas que hay. Intentaré proporcionar literatura que verse sobre los errores numismáticos, pero hoy sólo voy a comentar la historia de una moneda particular: las 25 pesetas de 1995 de “Castilla León”.

Según publica Benjamín Muñiz esta variante se debe a un error de diseño que llegó a ser publicado en el Boletín Oficial del Estado, indicando que las monedas de 25 pesetas del año 1995, con motivo de la comunidad castellano-leonesa tendrían la leyenda “Castilla León”. Según esta cita, el partido Unión del Pueblo Leonés recurrió la fabricación de la moneda por considerar que separa dos regiones dentro de una misma Comunidad Autónoma. Así pues, en el BOE se derogó la orden anterior y se emitieron casi 222 millones de monedas de cinco duros, pero esta vez con la leyenda “Castilla y León”.

La cuestión es que algunas de las primeras monedas que acuñaron (sin la “y”) se les escaparon y tengo entendido que llegaron a bancos de Sevilla y de Lugo, pasando así a la circulación. Fue entonces, según pude leer en el Foro Anverso, cuando las numismáticas pidieron que se les proporcionaran monedas de este estilo para poderlas vender como rarezas y sacarse así un pastizal. Sin embargo, la ley ya estaba derogada para entonces y no se les pudo proporcionar dichas monedas. Por eso, Pardo no deja un hueco en sus álbumes para este pieza, puesto que de haberlo hecho sin duda esta variante valdría (al menos) cuatro veces más de lo que vale ahora. Aquí van fotos de ambas variantes de la moneda, la segunda sacada de mi colección particular.

Mucho ojo al comprar esta moneda, puesto que hay muchas falsas en circulación en las que han borrado la “y” de forma artificial. No es una moneda muy difícil de detectar su autenticidad, sobre todo si estásin circular. El truco está en mirar donde debería estar la “y” y ver si ahí no hay arañazos o raspones. Si los hay, malo. Si la moneda está sin circular y en esa zona se detecta brillo original de la moneda, es buena señal de que no ha sido manipulada.

En cuanto a su cotización, en el catálogo de los Hermanos Guerra de 2005 la estiman en 135 euros, en el de Cayón de ese mismo año en 60. En la Subasta de Soler y Martí Hervera del 14 de mayo de este año se vendió una pieza por 60 euros.

Si eres una de esas muchas personas que no tiene interés directo con la numismática pero que te has encontrado unas monedas antiguas por casa y quisieras saber cuánto vale, enhorabuena: esta entrada está dedicada a ti.

Es muy típico que algunos abuelos hace una pila de años hayan guardado monedas de plata que se han pasado los últimos 70 años en un cajón. La reacción más típica del nieto al encontrarlo es creerse que tiene un tesoro y que gracias al hallazgo su hipoteca la puede considerar pagada. Desgraciadamente la realidad es muy distinta, si no los créditos hipotecarios no serían un problema en este país.

Lo primero que hay que hacer al encontrarse monedas antiguas es ser conscientes de que hay millones de monedas antiguas de oro y de plata, y que una moneda por el hecho de ser antigua no tiene por qué tener un gran valor numismático. Todo depende de su rareza, del estado de conservación y de la cantidad de gente que la coleccione. Hay monedas romanas que cuestan 2 euros y hay monedas de Franco que se subastan 30.000 euros. No por ser vieja vale más. Por eso, lo más normal es que las monedas encontradas no valgan mucho más que el valor de los metales de los que están hechas, es raro encontrarse monedas de alto valor para coleccionistas. Ahora paso a detallar cómo calcular el precio de esos metales, que casi seguro que es lo único que te ofrecerán por las monedas que te has encontrado.

Una vez que tenemos las monedas, se separan las de oro (si hay suerte y hay alguna), las de plata y las de otros metales. De las que no sean de oro o de plata nos podemos ir olvidando al no ser que veáis alguna en la que se vea con mucho detalle la figura. Si no, eso no vale para nada. Lo normal en las de oro y en las de plata es que sean pesetas, en cuyo caso su valor previsiblemente no sea demasiado elevado, si son anteriores, entonces merece la pena que las vea un aficionado a la numismática: puede haber sorpresas. También cuidado con otra cosa, y es que es típico que aparezcan imitaciones de monedas de plata hechas con calamina u otros metales. Estas son falsas de época y su valor es muy pequeño.

Ahora cogemos las de plata y las observamos para ver su estado de conservación. Lo más normal es que sea malo, porque son monedas que circularon muchísimo. Así que si tenéis unas pesetas o unos duros con un estado de conservación como el que se muestra aquí abajo, será rarísimo que valga más que su peso en plata.


Como se indica en el reverso de las monedas, 200 pesetas (o 40 duros) hacían un kilo de plata, aunque las que nos llegan a nosotros suelen tener menos material por culpa del desgaste. Por otra parte, para saber la cotización de la plata kitco es el mejor lugar, con información actualizada tanto del valor de los metales preciosos como de las divisas. A día de hoy, el precio de la plata es 16,15 $/oz (0,3907 €/gr), por lo que por cada peseta que nos encontremos su valor en plata es de uno 1,95 euros, a lo que habría que descontar algo por el desgaste. Así pues, una estimación razonable es pensar en 1,80 euros por peseta. Ojo, al precio actual de la plata, hace unos meses no pasaba de 1,60 euros por peseta, y es posible que dentro de otros meses vuelva a bajar el precio.

Si hacemos el mismo procedimiento con las de oro hay que tener en cuenta que estas circularon muchísimo menos, por lo que es muy normal encontrárselas en mucho mejor estado de conservación, eso hace que no tengan mucho valor por estar bien conservadas (aunque sí por estar perfectamente sin circular), pero que las monedas apenas estén desgastadas. En las monedas de oro, cada peseta equivale a 0,3224 gramos de oro. Haciendo la misma operación que antes, y teniendo en cuenta que el oro a día de hoy está a 1004 $/oz (24,29 €/gr), por cada peseta que nos encontremos nos darán 7,83 euros. Así pues, una estimación razonable es que por cada moneda de 25 pesetas de oro nos puedan dar 195 euros. Ojo, al precio actual del oro, que es muy alto.

Yo estimaría que estos precios son los que se pueden ofrecer al 90% de la gente que se encuentra unas monedas antiguas. No obstante, nunca está de más que un numismático aficionado o profesional eche un vistazo a vuestro hallazgo por si acaso hay sorpresas. Pero claro, no penséis que os engaña si sólo os ofrece ese dinero por vuestro “tesoro”.

En la actualización anterior indiqué que hay diversos tipos de colecciones y que no es una decisión trivial seleccionar un conjunto de monedas para coleccionarlas. También prometí que indicaría qué colecciono y por qué.

Bueno, pues mi colección está dedicada al CENTERNARIO DE LA PESETA. Algo más que típico en España, por otro lado. Los motivos son los siguientes:

– Es un periodo que me gusta. Por las pesetas pasaron dos repúblicas, cuatro reyes y un dictador. Esto sin contar las Guerras Carlista, las pruebas numismáticas de distinta índole y monedas de necesidad durante la Guerra Civil.

– Mucha gente lo colecciona, y eso es muy bueno porque hay mercado. Es decir, si alguna vez me veo obligado a vender mi colección no será difícil encontrar quién me la compre. Y si no tengo más remedio que venderla de un día para otro, un numismático profesional serio me haría una buena oferta porque sabe que no le costará mucho venderla.

– Al coleccionar pesetas me especializo en ellas, y como hay un mercado importante puedo sacar rédito a mi conocimiento. Esto no significa que no compre ni venda monedas más allá del Centenario de la Peseta, pero mi especialidad es esa. Conocer en toda su profundidad los morabetinos almorávides es muy interesante (y muy difícil), pero seguramente reporte menos beneficios que unos conocimientos medios sobre las pesetas.

– Es relativamente frecuente encontrar conocidos que tienen monedas de sus abuelos y, aunque rara vez sale algo bueno, hay veces que te sorprenden.

– Encontrar monedas buenas no es difícil, sólo hay que mirar las subastas públicas.

– La mayoría de sus piezas acaban revalorizándose.

– Su variación de precios hace que la colección ni sea fustrante ni sea aburrida. Tener una colección completa no es demasiado caro, pero sí lo es mejorar algunas piezas. De esta forma la colección va mejorando lentamente (si lo hiciera muy rápido perdería el interés en ella), aunque siempre habrá monedas inalcanzables, como las 100 pesetas de 1870 que se muestran aquí abajo: si alguien las quiere el precio de salida son 90.000 euros en la próxima subasta de Aureo.

Ojo, con esto no digo que lo mejor sea coleccionar monedas de pesetas. Teniendo en cuenta mi situación económica, mis gustos personales y el tiempo que quiero dedicar a la numismática, es lo que yo hago, pero eso no significa que sea lo mejor para todo el mundo. De hecho, si me tocase la lotería quizá empezaría a coleccionar monedas medievales castellanas. Pero como nunca juego a la lotería es difícil que me toque 🙂

Cada coleccionista que se adentra en la numismática tiene una bonita historia sobre cómo lo hizo y cuándo tomó conciencia de que aquello era realmente una colección. Muchas veces surge de forma natural, pero definir el contexto y el alcance de una colección no es una cuestión trivial. Es el momento en el que se pasa de acumular monedas por algún motivo a decidir qué monedas te interesa conseguir, cuáles no y por qué. Esta decisión para mí es la más importante que debe tomar un coleccionista, y aunque de primeras no se reflexione mucho, tiene que haber un momento en el que replanteárselo desde cero para ver si se tomó la decisión correcta.

Así pues, yo he detectado los siguientes tipos de colecciones:

Sin restricción: básicamente son coleccionistas que amontonan cuantas monedas les lleguen a la mano. Generalmente las compran por lotes o las cogen cuando van de viaje. Hay veces que incluso las pagan de una en una en los mercadillos. En cualquier caso, suelen conformarse con monedas muy baratas, generalmente actuales y sólo buscan poder montar un mapa-mundi de monedas. Evidentemente, el valor de esa colección es exclusivamente sentimental.

Bimetálicas: es semejante a la anterior, pero un poquito más refinada. Sólo buscan monedas bimetálicas (como las monedas de euro o dos euros) del mundo. Los países lo saben y sacan monedas bimetálicas porque hay gente que las colecciona (ya dijimos que el Estado siempre gana). El precio por moneda no es muy alto, pero la colección tampoco acaba valiendo gran cosa.

Fichas (tokens): hay gente que se dedica a comprar fichas de mil tipos, desde las de los carritos de la compra hasta fichas de casino pasando por las antiguas fichas para llamar por teléfono. Cualquier cosa que tenga forma de moneda y no lo sea les vale. Como es de imaginar, esto tampoco es que se revalorice.

Conmemorativas: generalmente las colecciones de moneda conmemorativa son las que más dinero pierden, sobre todo si se compran a una numismática. Esto es debido a que los precios de catálogo (y los que saca la FNMT) están muy por encima de el valor real de la moneda. Hay gente que llega al extremo de coleccionar moneda de inversión creyendo que comprar por 1200 euros una moneda de una onza de oro de las Islas Caimán que sólo tiene una tirada de 5000 unidades es un chollo. Si algún día lo tiene que vender se llevará una sorpresa.

Motivo concreto: suele darse en gente que colecciona también sellos del mundo. Coleccionan monedas que tengan un motivo común, como por ejemplo “barcos” o “fútbol”. Si se limitan a monedas corrientes puede ser un entretenimiento barato, aunque no se revalorizará. Si ya se mete en monedas conmemorativas de plata y de oro se puede dejar mucho dinero.

Euros: los coleccionistas de euros están por doquier. La entrada del euro ha llevado a mucha gente a coleccionar monedas, algunos después han pasado a otro tipo de piezas y la mayoría se han quedado en los euros. Van muchos domingos a los mercadillos y rara es la semana que no ha salido una nueva tira de algún país. Como hay tantos… por 7 u 8 euros se tiene una tira de 3,81 euros de facial, así que la pérdida no es mucha. Es cierto que hay piezas de euro que sí valen un dinerillo, pero por la mayoría nadie debería pagar más que el valor facial. También es cierto que hay coleccionistas que se lo saben montar y a base de cambiar la colección les sale muy barata.

Monedas de España “según salen”: esto es muy típico en coleccionistas que llevan lustros yendo una vez cada año a la numismática de su barrio, pagando lo que le piden por las monedas en circulación que han salido ese año más un pastizal por el álbum y las hojas. La colección está en su salón, cogiendo polvo y quizá cada dos o tres años se la enseña a algún amigo. Sin más. Lo peor es que si algún día se decide a venderla no le pagarán mucho más del valor facial de las monedas.

Falsas de época: por sorprendente que parezca hay aficionados a coleccionar moneda falsa, pero no de las que se hayan hecho hace tres días, sino de las que se acuñaron de forma fraudulenta en épocas pasadas. Es una forma de tener una colección barata de monedas antiguas.

Centenario de la peseta: quizá ésta sea la colección más típica dentro de los aficionados a la numismática en España. El valor de una colección completa y en buen estado es más o menos asumible por mucha gente de clase media, mientras que una colección completa sin circular y con varias rarezas es absolutamente inalcanzable para la inmensa mayoría de los mortales. Hay monedas caras y baratas, pero al final la colección se revaloriza.

Medievales/Antiguas: coleccionar moneda de civilizaciones antiguas tiene la ventaja de que puede nutrirse de prácticamente cualquier subasta o numismático profesional de cualquier parte del mundo. La desventaja es que es un mundo donde hay que andar con pies de plomo y no es apto para novatos, porque por cada moneda buena hay diez falsas.

Tema concreto: hay gente que por gusto personal colecciona monedas de una época o de un tipo, al estilo de: “reales de a 8”, “cobres de Isabel II y Fernando VII” o así. Suelen ser gente que entiende y conoce bien cada moneda.

Temas inexplorados: he conocido a pocos coleccionistas que se dediquen a coleccionar temas inexplorados, pero ellos tienen toda mi admiración. Son gente que se mueven entre el coleccionismo y la investigación numismática. Quizá sus colecciones no sean las que más valor económico tengan (aunque lo tienen), pero son los más valientes porque ellos mismos tienen que averiguar qué piezas les faltan y hacen sus propios catálogos. Ejemplos de estas colecciones son “monedas y billetes asturianos de la Guerra Civil” o “Pellofas catalanas”.

Rarezas: hay gente que se dedica a coleccionar monedas extrañas de cualquier parte del mundo, haciendo una colección en la que caben monedas chinas del silo XV y piezas africanas de las formas y tamaños más diversos. Tampoco es muy buen lugar para principiantes.

Errores: cada vez hay más coleccionistas de errores y variantes numismáticas. Para mí lo bonito de estas colecciones no es comprar los errores, sino buscarlos uno mismo. Aunque claro, eso lleva mucho mucho tiempo.

Monedas caras: esto suele ser gente cuyo objetivo es exclusivamente inversor, no coleccionista. Suelen tener mucho dinero en monedas y comprarán y guardarán cualquier moneda que esté a buen precio y a largo plazo se revalorice. También venderán cualquier moneda si se la pagan bien.

Pues hasta aquí la primera parte de este tema. Espero que vuestra colección encaje con uno de estas categorías; en cualquier caso, lo importante es no vivir engañado y ser consciente de si la colección puede ser una inversión o no. He conocido a mucha gente que vive engañada pensando que su colección será una gran herencia para sus hijos y ellos no están haciendo más que perder dinero. Lo importante no es ganar dinero, sino ser conscientes de lo que se hace.

La próxima entrada se dedicará a explicar en qué categoría encaja mi colección.

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